7.9.16

Playa

En ti hay una playa,
cierra los ojos, busca,
¿la ves?,
pues tuya.

4.12.15

Breve historia del silencio

Creció tanto el ruido, que alcanzó las nubes desatando una feroz tormenta. Del susto las estrellas se volvieron verdes y nos quedamos sin palabras.

4.12.14

Autómata

"Enfundada en un abrigo verde, una mujer sostiene en sus manos una taza de café. Lánguida, su mirada cae sobre una fría y circular mesa de mármol, que ocupa el centro de la escena. El carmín de labios rojo ilumina el rostro, enmarcado con un sombrero propio de la época. Estamos en 1927. Frente a ella, una silla vacía. No hay más calor en el local que el procedente de un viejo radiador, próximo a la puerta.

¿Por qué "Autómata"? Un pequeño cartelito titula así el cuadro de la joven con sombrero. Andrés no comprendió lo que ocurría ahí dentro. ¿Quién se ha ido dejándola pensativa en ese lugar desangelado? Es 4 de diciembre de 2014, entrar al museo es gratis.

- No han querido seguirme, dime que tú si lo harás.

Andrés sintió un vacio en las entrañas al escucharla hablar. Miró a su alrededor, petrificado. No había nadie más en la sala de exposición.

- Seguirte a dónde. ¿Quién eres y qué quieres de mí? - Logró balbucir, acercándose lentamente al lienzo, con la mirada desencajada.

- Mi deseo es que alguien entre a tomar café conmigo y me ayude a entender qué hago aquí. - Respondió la joven.

Los ojos de Andrés quedaron clavados a la escena, intentando descifrar cada detalle. Las pálidas y sugerentes piernas de la muchacha, la desconcertante oscuridad que inunda el fondo del café, tras el jarrón de fruta... ¿Alguien se esconde tras el cristal?

- Dime cómo puedo ir contigo.

- Sólo tienes que observarme.

Y así, Andrés decidió acompañarla con la mirada, hipnotizado por la tenue luz que irradiaban sus mejillas."

El cuadro que descubrí en el Thyssen la mañana del 5 de diciembre de 2014 me turbó profundamente. En él, ataviado con chaqueta gris, un hombre observa con quietud un curioso lienzo. Lánguida, su mirada cae sobre la fría y circular mesa de mármol, donde una jóven con sombrero sostiene una taza de café.


20.11.13

For the 20th

Un hombre camina ensimismado en la nocturnidad de la capital. Levanta la mirada a leves intervalos, procurando esquivar a los viandantes que transitan por la ancha calle peatonal. El peso de papeles, ordenados en el interior de un maletín, tira de su hombro izquierdo hacia el suelo. Un pañuelo azul añil que alguien acaba de perder se enreda en sus zapatos, haciéndole tropezar. Termina pisándolo en un intento por zafarse de él, tras lo cual sigue adelante. Puede ver cómo la dueña de la prenda se aleja sin darse cuenta del extravío.

Unos metros más atrás, en la misma vía, una mujer de pelo rojo avanza apresuradamente, calzada en dos botines que desprenden un elegante taconeo. Una brisa corre, entre ondas cobrizas y el vuelo de su falda. Solo se detiene para buscar algo en la bandolera que lleva cruzada al pecho. Abre la cremallera, saca un cigarro y, al tiempo que lo sujeta entre los labios, se encoge en busca de fuego. Al cuarto intento, suena el chasquido definitivo y retoma el rumbo. Da unos cuantos pasos y se encuentra el mismo pañuelo azul añil con el que el hombre del maletín se acaba de cruzar. Lo contempla y termina por recogerlo, guardándolo fugazmente en la bandolera sin que nadie la vea.

Entre transeuntes ajetreados, las prisas de ella terminan por alcanzar el pausado andar de él. La delicada figura lo adelanta por la izquierda y, con la atención ya ganada, decide hablarle:
  
- Perdona, no conozco muy bien esta zona, ¿sabes dónde puedo encontrar un cajero?- La mujer no titubea, haciéndole parar en seco para después expulsar una definida columna de humo, mirando al cielo. 

- Sí, claro. Hay uno… Espera, si quieres te acompaño, no queda lejos.
 
Se desvían del camino y juntos recorren un par de manzanas. El trayecto concede tiempo para una breve conversación que ella acapara con desenvoltura. Él asiente, mientras baraja la forma de llevarla a tomar algo.

- Mira, ahí lo tienes.- Dice al fin con satisfacción, señalando el lugar buscado. Los balcones presiden un lado y otro de la calle, estrecha y desangelada, donde se encuentra el banco. 
- No sabes lo que te agradezco…
Antes de que ella temine la frase, un hombre corpulento, de pelo canoso, surge de la nada:

- Vas a hacer lo que te diga, ¿de acuerdo? - Pronuncia, dirigiéndose a él. Y a punta de pistola, le fuerza a sacar un puñado de billetes del cajero automático. 

Segundos después, las ondas rojizas desaparecen junto al tipo grande y gris. Lo último que ve el hombre del maletín, tan abatido en el orgullo como en la cartera, le resulta familiar: un pedazo de género azul añil asoma por la bandolera que se pierde entre las sombras.

22.10.13

Two things


El rayo
Los cerró en un acto de fe,
ya entraría el rayo
por reminiscencia
a las pupilas.


***


Si el agua es cristal
Sopla,
dibuja en el vapor
puertas de luz.


29.7.13

Armonía


Está fuera de toda fotografía.

A sus ojos la calle debe parecer un oasis, o una pista de baile. Para el resto de nosotros sólo son baldosas bajo el sol, y sobre las baldosas gente y más gente, veloz y sedienta.

Es la única en detenerse, justo frente al hombre que toca el arpa para todos los don nadie. Lo mira fijamente y un hilo entre ambos sostiene el universo. Ella balancea su cuerpo pequeño de un lado a otro, de un paso al otro, dibujando movimientos de ida y vuelta. Entre un ritmo y el siguiente, a veces acierta y casi sonríe, llevada por vientos desde un lugar mágico. No sabemos muy bien qué línea del pentagrama recorre, con un estilo más que propio, donde aún no caben apariencias.

Lleva coleta, rondará el metro de estatura y su madre la espera apartada, dándole ese rato.


Calle Arenal, Madrid, 2013.


3.3.13

Visión anarquista del arte


“Más que en las obras donde el arte reside es en la experiencia. Y no en la de unos hombres especiales, los artistas-genios, sino en la del hombre más humilde que sabe narrar o cantar o pulir madera. Los anarquistas están contra la obra maestra y los museos pero no por terroristas, por un insano amor de la destrucción como piensan sus críticos, sino por militar en favor de un arte en situación, concepción que surge de trasladar al espacio estético su concepto político de la “acción directa”.

De Proudhon y Kropotkin, pero también de Tolstoy, la estética anarquista saca su proyecto de reconciliar el arte con la sociedad, con lo mejor de la sociedad que es la sed de justicia que late en el pueblo. Romántica, esa estética proclama un arte antiautoritario, basado en la espontaneidad y la imaginación. Pero antirromántica esa misma estética no cree en un arte que se limite a expresar la subjetividad individual: lo que hace auténtico un arte es su capacidad de expresar la voz colectiva. Y en ese sentido es “realista”, en el de poner la cotidianidad en relación con el conflicto, que le lleva a escoger la cara visible de la experiencia, la realidad física de la miseria.”

Martín-Barbero, De los medios a las mediaciones, 1987